Tasa de rebote
bounce rate
La tasa de rebote es el porcentaje de visitas que entran en una web y se marchan sin interactuar con nada. Durante años se calculó como sesiones de una sola página, y hoy su definición ha cambiado en las herramientas de analítica más usadas.
Qué significa realmente el número
Aquí conviene aclarar algo antes de sacar conclusiones, porque el indicador cambió de definición y mucha gente sigue interpretándolo como antes.
En la versión anterior de Google Analytics, rebote significaba ver una sola página y salir, aunque el visitante hubiera pasado allí diez minutos leyendo. En la versión actual se mide al revés: se cuenta como sesión interesada la que dura más de diez segundos, genera un evento de conversión o incluye al menos dos páginas. El rebote es lo contrario de eso.
El cambio importa porque corrige el error más grave de la métrica antigua. Un artículo que respondía perfectamente a una pregunta registraba un rebote altísimo y parecía un fracaso, cuando en realidad había cumplido su función.
Por eso el número solo se interpreta en función del tipo de página. En un blog o en una página de contacto, un rebote alto puede ser normal. En una ficha de producto o en una página de servicio, un rebote alto indica un problema.
Como referencia orientativa, en España se manejan rangos del 40 al 60 por ciento en páginas de servicio, del 60 al 80 en contenidos de blog y por encima del 80 en páginas informativas de respuesta rápida. Salirse mucho de ahí merece una mirada.
Qué lo dispara y cómo bajarlo
Cinco causas explican la mayoría de los casos.
La velocidad. Cada segundo adicional de carga aumenta el abandono, y en móvil el efecto es brutal. Por encima de tres segundos se pierde una parte importante de las visitas antes de ver nada.
El desajuste entre lo prometido y lo encontrado. Un anuncio que habla de un precio y una página que no lo menciona produce salida inmediata.
La experiencia en móvil. Texto minúsculo, botones juntos, ventanas emergentes que tapan el contenido y no se dejan cerrar.
La falta de continuación. Una página sin enlaces relevantes hacia el paso siguiente deja al visitante sin camino.
Y la ausencia de la información que se buscaba: precio, teléfono, zona de servicio, plazos.
Un aviso sobre un truco que aún se ve. Configurar eventos artificiales para que la herramienta no cuente rebotes mejora el informe y no mejora el negocio. La métrica sirve para detectar problemas, no para lucirla.
Ejemplo: un centro de formación de conductores profesionales en Huelva
Un centro recibía 3.400 visitas mensuales con un rebote del 87 por ciento en su página principal de cursos y muy pocas matrículas.
La revisión encuentra tres cosas. La página tardaba 6,8 segundos en cargar en móvil por una imagen de cabecera de 4 megas. Los precios no aparecían en ningún sitio. Y una ventana emergente de suscripción saltaba a los dos segundos, antes de que el visitante hubiera leído nada.
Comprimen la imagen, publican los precios de cada carné con las modalidades de pago aplazado y retrasan la ventana emergente hasta que el usuario ha bajado la mitad de la página.
En dos meses la carga baja a 1,9 segundos, el rebote cae al 54 por ciento y las solicitudes de información pasan de 16 a 63 mensuales. No cambiaron ni un curso ni un precio real: solo dejaron de esconderlos.
