Brand equity

valor de marca

El brand equity es el valor económico que aporta una marca por encima de su producto. Explica por qué dos zapatos casi idénticos se venden a precios distintos según el logotipo, y se traduce en margen, en fidelidad y en resistencia frente a las crisis.

De qué está hecho

Se sostiene sobre cuatro pilares que se refuerzan entre sí.

El reconocimiento. Sin que la marca esté en la cabeza del cliente, no hay nada más que construir.

Las asociaciones. Lo que la gente da por supuesto al oír el nombre: fiable, cara, moderna, de siempre. Estas ideas se forman con cada contacto, incluido el correo de una incidencia.

La calidad percibida, que no coincide necesariamente con la calidad real. Un producto excelente mal presentado se percibe como mediocre, y ahí es donde el diseño y la comunicación hacen su trabajo.

La fidelidad. Clientes que repiten sin comparar precios y que recomiendan sin que nadie se lo pida.

Cuando estos cuatro elementos funcionan, la marca produce efectos medibles: se puede cobrar más que la competencia sin perder pedidos, cuesta menos captar cada cliente nuevo, la empresa aguanta mejor una subida de costes y un error puntual no se lleva por delante la relación.

Cómo se nota en las cuentas de una pyme

En una empresa pequeña no hace falta una valoración financiera formal para saber si hay marca. Cuatro señales lo indican.

El precio. Si cada negociación acaba en descuento, no hay marca que sostenga la tarifa.

La proporción de clientes que llegan por recomendación o buscando el nombre de la empresa, frente a los que llegan comparando.

La tasa de repetición y el tiempo medio que un cliente permanece.

El coste de captación. Cuando la marca funciona, esa cifra baja año tras año sin tocar el presupuesto.

Destruirla es más rápido que construirla. Una bajada de precios agresiva y sostenida enseña al mercado que el valor estaba en el descuento, y recuperar el nivel anterior de precio cuesta años.

Ejemplo: un fabricante de conservas en Cantabria

Una conservera familiar fabrica anchoas de calidad alta y vende el 85 por ciento a granel para que otros las envasen con su propia etiqueta. El margen es estrecho y depende de tres clientes que negocian precio cada campaña.

La empresa decide construir marca propia. Define su promesa en torno a una diferencia real y comprobable: el sobado a mano y el tiempo de curación, que documenta con fotos y con el nombre de las sobadoras. Rediseña la lata y el estuche, sube el precio por encima del de las marcas blancas del supermercado y abre venta directa desde su web.

En paralelo, invierte en tres cosas: presencia en dos ferias gastronómicas, colaboración con restaurantes de la región que citan la marca en carta, y un contenido constante sobre el oficio en redes y en su lista de correo.

Cuatro años después, la venta con marca propia supone el 40 por ciento de la facturación con un margen tres veces superior al del granel. Cuando una campaña mala encarece la materia prima un 30 por ciento, los clientes de marca propia asumen la subida y los de granel no. Ese contraste es, en la práctica, la medida de lo que vale la marca.

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