Hosting
alojamiento web
El hosting es el servicio que alquila el espacio de un servidor donde viven los archivos de una web para que estén accesibles a cualquier hora. En español se llama alojamiento, y de su calidad dependen la velocidad y la disponibilidad del sitio.
Los tipos y a quién sirve cada uno
El alojamiento compartido reparte un mismo servidor entre cientos de webs. Cuesta entre 3 y 15 euros al mes y basta para una web corporativa con tráfico moderado. Su inconveniente es la vecindad: si otra web del mismo servidor recibe un pico de visitas, la tuya se resiente.
El servidor privado virtual reserva unos recursos fijos dentro de una máquina compartida. Se mueve entre 20 y 100 euros mensuales y encaja en tiendas online o webs con tráfico estable y creciente.
El alojamiento gestionado se especializa en una plataforma concreta, normalmente WordPress, e incluye copias de seguridad, actualizaciones, seguridad y soporte técnico que entiende el sistema. Cuesta más, entre 25 y 150 euros, y ahorra el gasto de tener a alguien pendiente.
El servidor dedicado y la nube quedan para proyectos grandes o con necesidades muy particulares.
Qué mirar antes de contratar
El precio del primer año engaña. Casi todas las ofertas baratas se renuevan al triple, así que la cifra a comparar es la de renovación.
Más allá del importe, cinco criterios deciden. La velocidad de respuesta del servidor, que se puede comprobar con herramientas gratuitas antes de contratar. La ubicación física de los servidores, mejor en España o en Europa occidental para un público español, tanto por milisegundos como por protección de datos. Las copias de seguridad diarias con restauración fácil, que salvan de un ataque o de un error propio. El certificado de seguridad incluido, hoy imprescindible. Y el soporte técnico en español y con respuesta rápida, que es lo que se agradece a las once de la noche del viernes de rebajas.
Conviene además revisar dos cosas que suelen pillar por sorpresa: el límite de tráfico mensual y la facilidad para migrar a otro proveedor si el servicio empeora. Un alojamiento que dificulta la salida acaba siendo caro.
Ejemplo: una tienda online de material deportivo en Málaga
Una tienda con 3.000 referencias paga 4 euros al mes por un alojamiento compartido contratado hace seis años. Durante las rebajas de enero, la web se cae dos veces en horario de máxima venta y tarda cuatro segundos en cargar el resto de los días.
La medición confirma el diagnóstico: el tiempo de respuesta del servidor ronda los 1.400 milisegundos, cuando lo razonable está por debajo de 300. La tienda comparte máquina con otras 400 webs.
Se migra a un alojamiento gestionado de 45 euros mensuales, con servidores en Madrid, copias diarias y capa de almacenamiento en caché. La migración la hace el propio proveedor en una noche.
El tiempo de respuesta baja a 210 milisegundos y la carga completa de una ficha de producto pasa de 4,1 a 1,6 segundos. En los tres meses siguientes, la conversión sube del 1,1 al 1,6 por ciento, lo que en facturación supone unos 6.800 euros mensuales adicionales. El sobrecoste anual del alojamiento fue de 492 euros.
