Dominio

domain

Un dominio es la dirección con la que se identifica una web en internet, del tipo tuempresa.es. Se alquila por periodos anuales a un registrador y es, junto a la marca, uno de los pocos activos digitales que la empresa controla por completo.

Qué mirar al elegirlo y al gestionarlo

Al escoger nombre, cuatro criterios evitan la mayoría de los arrepentimientos. Que se entienda al dictarlo por teléfono, prueba que descarta guiones, números y palabras con doble escritura. Que sea corto. Que coincida con el nombre comercial, para que quien recuerde la marca acierte a la primera. Y que esté libre como marca registrada, porque un dominio no da derechos sobre un nombre ajeno.

Sobre la extensión, en España conviene registrar el punto es y el punto com si están disponibles, redirigiendo uno al otro. La terminación nacional transmite cercanía y funciona bien en búsquedas locales; la internacional evita que otro la ocupe. Las extensiones nuevas del tipo punto shop o punto tech son válidas, aunque siguen generando dudas en usuarios poco habituados.

La gestión importa tanto como la elección. Tres precauciones ahorran disgustos graves. La primera: que el dominio esté registrado a nombre de la empresa y no de la agencia o del informático que montó la web. Es el problema más común y el más caro de resolver cuando la relación se rompe. La segunda: activar la renovación automática y vigilar el correo de contacto, porque un dominio caducado se puede perder en semanas y hay quien se dedica a comprarlos. La tercera: activar el bloqueo de transferencia y la privacidad de los datos del registro.

Un apunte sobre posicionamiento. Meter la palabra clave en el dominio, del tipo reformasbaratasmadrid.com, dejó de dar ventaja hace más de una década y hoy limita el crecimiento de la marca. Lo que sí importa es la antigüedad acumulada y la reputación que el dominio va ganando con los años, motivo por el cual conviene pensárselo mucho antes de cambiar de dirección.

Ejemplo: un taller de restauración de muebles en Sevilla

Un artesano monta su web con un dominio que le sugiere el diseñador: restauracion-muebles-antiguos-sevilla.com. Funciona durante unos años, hasta que decide vender también piezas propias y abrir tienda online bajo un nombre de marca.

El problema se acumula. El dominio es imposible de dictar por teléfono, no cabe en la rotulación de la furgoneta y describe solo una parte de lo que ahora hace el negocio. Además, está registrado a nombre del diseñador, que ya no trabaja con él.

La recuperación del dominio lleva cuatro meses de gestiones. Después se registra el nombre de marca en punto es y en punto com, se traslada toda la web con redirecciones página por página desde las direcciones antiguas, y se mantienen esas redirecciones de forma permanente.

El tráfico cae un 30 por ciento durante seis semanas, algo esperable en cualquier cambio de dominio, y se recupera al tercer mes. Un año después supera en un 40 por ciento el nivel previo, ya con un nombre que el artesano puede decir en una feria sin tener que deletrearlo.

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