Formulario pop-up
popup form
Un formulario pop-up es la ventana que aparece sobre el contenido de una web pidiendo un dato, casi siempre el correo electrónico, a cambio de algo. Capta suscriptores con eficacia y molesta con la misma eficacia cuando está mal configurado.
Cuándo mostrarlo y qué ofrecer
El momento decide casi todo. Lanzarlo a los dos segundos de entrar, antes de que el visitante sepa dónde está, produce cierres automáticos y una mala impresión. Las opciones que funcionan son otras: al cabo de veinte o treinta segundos, cuando la persona ha bajado la mitad de la página, al terminar de leer un artículo, o cuando el cursor se dirige hacia la pestaña de cerrar en un ordenador.
Lo que se ofrece importa tanto como el momento. Un botón que pide suscribirse al boletín no es una oferta, es una petición. Una guía de precios, una plantilla, un descuento en la primera compra o el aviso cuando un producto agotado vuelva a estar disponible sí son motivos para dar el correo.
El texto también decide. Conviene explicar qué se recibe y con qué frecuencia, en una línea, porque la duda que frena no es dar el correo sino no saber en qué te estás metiendo. Añadir el número de personas ya suscritas ayuda cuando la cifra es respetable, y estorba cuando son cuarenta.
Hay tres reglas técnicas que evitan problemas. En móvil, Google penaliza los intersticiales que tapan el contenido nada más entrar desde una búsqueda, así que en pantallas pequeñas conviene una banda inferior discreta en lugar de una ventana completa. El botón de cerrar debe verse y ser fácil de pulsar. Y quien ya se ha suscrito o ya ha cerrado la ventana no debería volver a verla en semanas.
La parte legal es obligatoria y se descuida a menudo: casilla de consentimiento sin marcar por defecto, enlace a la política de privacidad e información sobre quién trata los datos y para qué.
Ejemplo: una librería especializada en Salamanca
Una librería con tienda online y un blog de reseñas recibe 22.000 visitas mensuales y tiene una lista de correo de 400 personas que crece a razón de quince altas al mes desde un formulario en el pie de página.
Se prueba una ventana emergente, pero con criterio. Aparece solo en los artículos de reseñas, cuando el lector ha recorrido el 70 por ciento del texto, y ofrece algo concreto: una selección mensual de cinco libros recomendados por los libreros, con el argumento de que no es un boletín de ofertas. En móvil se muestra como una banda inferior que ocupa un quinto de la pantalla.
Quien cierra la ventana no vuelve a verla en sesenta días, y quien ya está suscrito nunca la ve.
En tres meses las altas mensuales pasan de 15 a 310. La tasa de bajas se mantiene baja, señal de que la gente esperaba lo que recibe. Y la librería comprueba algo revelador al comparar periodos: el tiempo medio en página y la tasa de rebote no empeoran, porque la ventana llega cuando la lectura ya ha terminado.
Un año después, esa lista genera el 31 por ciento de los pedidos online, con un coste de captación prácticamente nulo.
