El spamming es el envío masivo no pedido de mensajes: correo basura, SMS, comentarios clonados o enlaces metidos donde no se han invitado. En español, envío de spam o correo basura. El destinatario no ha dado un permiso claro. Por eso genera rechazo y, a menudo, sanción.

No es un boletín a quien se apuntó. Es la lista comprada, el comentario “visita mi tienda” en 200 artículos o el WhatsApp a una base de un primo. Los filtros lo huelen y hunden también los envíos serios del mismo dominio. Limpiar la lista, pedir permiso y no disfrazar un anuncio de “urgente” evita el cubo de spam. Medir quejas y rebotes, no solo el volumen enviado.

Una clínica de Aranda de Duero compró 4.000 correos “de la zona”. El primer envío rebotó y el dominio quedó marcado. Tardaron meses en recuperar la entrega. El spam no es marketing agresivo. Es no haber sido invitado. Si la única forma de llegar es colarse, la oferta no se sostiene.

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