Un meme es una imagen, un vídeo o una frase que se copia y se varia con rapidez, con un chiste o una referencia compartida. Las marcas los usan para parecer cercanas. El público los usa para hablar de las marcas, a veces en contra.

Subirse a un meme con retraso, o a uno de una tragedia, es el error clásico. El tono de un despacho o de una clínica rara vez encaja con el chiste de moda. Un meme propio, nacido del oficio, puede vivir en el sector. Medir el éxito en compartidos no basta: hay que ver si el que ríe es cliente o solo un espectador que no comprará nunca.

Una ferretería de Burgos hizo un meme interno sobre el “taladro que ya tenía el cliente en casa”. Lo reenviaron autónomos de la ciudad. El meme no es una estrategia anual. Es un idioma. Si la marca no lo habla, mejor no forzar el acento. Un chiste forzado se recorta y se ríe de la empresa, no con ella.

Pattterns ahora es Ocelot