El big data es el tratamiento de volúmenes de información tan grandes, rápidos o variados que las herramientas habituales de una hoja de cálculo no bastan para analizarlos. En español se habla de datos masivos. El valor no está en acumular, sino en extraer decisiones.

Tres rasgos lo definen, conocidos como las tres uves: volumen, velocidad y variedad. Una cadena con decenas de tiendas, tickets por segundo, reseñas, GPS de furgonetas y datos de campañas produce ese tipo de flujo. Una pyme con 400 clientes y un programa de facturación, no. Usar la etiqueta para describir un Excel con tres años de ventas solo añade humo.

Donde sí aparece en empresas medianas es de forma indirecta, dentro de herramientas que ya se pagan: la publicidad digital que aprende de millones de conversiones ajenas, el sistema de gestión que prevé roturas de stock o el mapa de calor de una web. Una distribuidora de Huelva no montó un departamento de datos: conectó tres años de albaranes a la previsión de su programa y dejó de comprar a ojo el pescado del lunes. Antes de hablar de big data, conviene preguntar qué decisión repetida mejoraría con el histórico que ya existe.

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