Un TikToker es quien publica vídeo corto con regularidad en TikTok y ha construido una audiencia que le sigue por un tono, un oficio o un humor. No basta un vídeo suelto. El formato pide los primeros segundos y una constancia que cansa si no hay oficio detrás.

Una pyme puede colaborar con uno local de 8.000 seguidores mejor que con una celebridad que no pisa la ciudad. Hay que mirar comentarios reales, de dónde son los seguidores y si ya recomienda cinco marcas a la semana. El contrato debe decir que es publicidad cuando lo es. Medir visitas y encargos, no solo el baile.

Un TikToker de cocina de Santiago grabó tres recetas en una pastelería de Vilagarcía, con precio en pantalla. Los encargos de tartas de ese fin de semana se adelantaron. El creador de TikTok no es un anuncio genérico. Es un vecino con megáfono. Si el producto no se sostiene en un directo honesto, el megáfono se vuelve en contra.

Pattterns ahora es Ocelot