Snapchat es una aplicación de mensajería y de historias en la que fotos y vídeos desaparecen a las pocas horas, con filtros y un mapa de amigos. El público principal sigue siendo joven. En España convive, y a menudo pierde, frente a otras apps de vídeo corto.

Una marca entra como perfil, con historias diarias o con lentes, no como un catálogo de 40 referencias. El tono de padre que “habla joven” se detecta. Lo efímero pide constancia y no archivo: lo de ayer ya no está. Para un comercio de barrio, primero hay que preguntar si el cliente de 40 años abre esa app. Muchas veces la respuesta es no.

Una tienda de zapatillas en Las Palmas usó historias de 24 horas con el drop de la semana, sin anuncio de pago. El público de instituto pasó; el de 35, no. Snapchat no es un segundo Instagram. Es un recado que se borra. Si el cliente no está, el recado se borra para nadie.

Pattterns ahora es Ocelot