Prompt engineering
ingeniería de prompts
El prompt engineering es la práctica de escribir instrucciones para una inteligencia artificial de modo que devuelva el resultado que se busca. Se traduce como ingeniería de instrucciones. La misma herramienta da respuestas mediocres o útiles según cómo se le pida.
Qué distingue una instrucción buena de una mala
La diferencia rara vez está en usar palabras mágicas. Está en dar contexto suficiente.
Una instrucción que funciona suele incluir cuatro elementos. Un papel, indicando desde qué perspectiva debe responder. Una tarea concreta, con el verbo claro. El contexto necesario, que es lo que más se olvida: para quién es, con qué fin, qué se ha probado ya, qué restricciones hay. Y el formato de salida, especificando extensión, estructura y tono.
Comparar dos peticiones lo aclara. "Escríbeme un texto para mi web" produce un texto genérico intercambiable con el de cualquier competidor. "Escribe la página de servicios de una carpintería de aluminio de Elche que trabaja para constructoras, no para particulares. Público: jefes de compras. Extensión: 400 palabras. Tono: técnico y directo. Incluye plazos de suministro y capacidad de producción semanal" produce algo aprovechable.
Dos técnicas más elevan mucho el resultado. Dar ejemplos de lo que se considera bueno, porque el sistema imita mejor de lo que interpreta. Y pedir que razone paso a paso en tareas de análisis, lo que reduce errores en cálculos y clasificaciones.
También conviene iterar en lugar de esperar el acierto a la primera. La segunda y la tercera pasada, corrigiendo lo que no encaja, es donde aparece el resultado bueno.
Qué precauciones tomar en una empresa
Tres, y son de sentido común.
No introducir datos que no deberían salir de la empresa. Lo que se escribe en una herramienta gratuita puede almacenarse y usarse para entrenar. Para trabajar con datos de clientes hacen falta versiones de pago con compromiso de no entrenamiento, o herramientas alojadas en la propia infraestructura.
Revisar siempre. Estos sistemas inventan datos, cifras y referencias con total naturalidad. Cualquier dato numérico, normativo o legal que salga de ahí hay que comprobarlo antes de publicarlo.
Y guardar lo que funciona. Cuando una instrucción da buen resultado, conviene archivarla en un documento compartido para que el equipo la reutilice. Ahí está la mayor ganancia de productividad, y casi nadie lo hace.
Ejemplo: una inmobiliaria en Málaga
Una agencia con siete comerciales tardaba una media de 35 minutos en redactar la descripción de cada inmueble. Publicaba unos 40 al mes, y la calidad variaba mucho según quién escribiera.
Diseñan una instrucción fija con el papel de redactor inmobiliario, el público objetivo según tipo de vivienda, la estructura obligatoria de cinco bloques, la extensión, la prohibición de adjetivos vacíos y tres ejemplos de descripciones que consideran buenas. El comercial solo rellena una ficha con datos reales: metros, orientación, estado, gastos de comunidad, transporte cercano.
El tiempo por inmueble baja a 8 minutos, incluida la revisión. Las descripciones ganan consistencia y, al obligar a rellenar la ficha, dejan de publicarse anuncios sin gastos de comunidad ni certificado energético.
Un detalle revelador: en el primer mes detectan que el sistema inventaba distancias a la playa. Añaden a la instrucción la prohibición de estimar cualquier dato no aportado, y el problema desaparece.
