Mapa de calor

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Un mapa de calor es una representación en colores de lo que hacen los visitantes en una página: dónde pinchan, hasta dónde bajan y dónde se detiene su atención. El rojo marca las zonas con más actividad y el azul las que casi nadie toca.

Los tres tipos y qué revela cada uno

El mapa de clics registra sobre qué elementos pincha la gente. Su mayor utilidad no está en confirmar que el botón principal funciona, sino en descubrir clics en cosas que no son enlaces: imágenes de producto que el usuario intenta ampliar, textos que parecen botones, iconos que nadie diseñó para pincharse. Cada uno de esos clics es una expectativa que la página no cumple.

El mapa de desplazamiento muestra hasta qué altura baja cada porcentaje de visitantes. Sirve para saber si el argumento que se consideraba decisivo lo está viendo el 60 por ciento de la gente o el 8 por ciento. Casi siempre está más abajo de lo que debería.

El mapa de atención señala las zonas donde el cursor se detiene o donde la vista permanece más tiempo. Es el menos fiable de los tres, porque la posición del ratón solo se aproxima a la de la mirada, así que conviene tomarlo como indicio y no como prueba.

A los tres se les suma la grabación de sesiones, que reproduce el recorrido de un visitante concreto. Diez grabaciones bien elegidas explican más que cualquier informe agregado.

Cómo leerlos sin sacar conclusiones falsas

El mapa dice qué pasa, nunca por qué. Esa distinción evita la mayoría de los errores.

Hacen falta datos suficientes. Con doscientas visitas el mapa pinta bonito y no significa nada: por debajo de dos o tres mil sesiones en la página analizada, cualquier conclusión es ruido.

Hay que separar por dispositivo. El mapa de escritorio y el de móvil son páginas distintas con comportamientos distintos, y mezclarlos produce una media que no describe a nadie.

Y conviene resistir la tentación de rediseñar entero. Lo que el mapa aporta es una hipótesis: parece que nadie llega a los precios porque están demasiado abajo. Esa hipótesis se comprueba con un cambio y una medición, no se da por buena.

La normativa de protección de datos afecta a estas herramientas. Registran comportamiento individual, así que entran en el consentimiento de cookies, y hay que asegurarse de que el proveedor enmascara los campos de formulario para no capturar datos personales tecleados.

Ejemplo: una clínica de fisioterapia en Valladolid

Una clínica con web propia recibía 2.800 visitas mensuales y solo 19 solicitudes de cita. El formulario estaba al final de la página de servicios, tras la explicación de cada tratamiento.

El mapa de desplazamiento revela que solo el 11 por ciento de los visitantes llega a esa altura. El de clics muestra algo más llamativo: mucha gente pincha sobre la fotografía del equipo y sobre el número de teléfono escrito en texto plano, que en móvil no era pulsable.

Los cambios son pequeños. El teléfono pasa a ser un enlace de llamada, se añade un botón de cita tras el primer bloque de contenido y las fotos del equipo se enlazan a una página con la formación de cada fisioterapeuta.

En seis semanas las solicitudes suben de 19 a 47 mensuales, y las llamadas desde el móvil se multiplican por tres sin haber tocado ni el diseño ni los textos.

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