El Albacete Balompié afrontaba un plan de modernización y desarrollo que el terreno de juego ya estaba acompañando. Fuera de él, la necesidad estaba clara: cada área del club comunicaba a su manera, sin sistema, sin jerarquía y sin un relato unificador. El club era fuerte. La marca, tenía que subir de nivel.
Hicimos una inmersión contextual con decenas de conversaciones: aficionados, jugadores, directivos y empleados. Queríamos las tres respuestas que sostienen cualquier marca honesta: qué somos, cómo nos vemos y cómo nos ven realmente. Analizamos miles de comentarios en redes sociales y en foros. Visitamos partidos en el Belmonte desde cada graderío, para analizar cual es el sentimiento particular que nos separa del resto de equipos de este país.
En el fútbol, el escudo no es del club: es de su gente.
No intentamos inventar una marca. Condensamos su realidad.
Sabemos que una identidad es mucho más que un icono o un logo. Así que lo dejamos donde estaba y construimos la marca alrededor: tipografías, paleta de color por verticales, arquitectura de marca y un sistema gráfico, capaz de hablarle a las nuevas generaciones de aficionados sin romper con más de 8 décadas de historia. De esa estrategia nació también la identidad visual de Pasión por el Campo y su página web y la primera gran prueba física del sistema: la transformación de la Ciudad Deportiva, un complejo de hormigón y césped que hoy se identifica claramente con club al que pertenece.
El resultado es una marca que se implementa en todas las esferas del club, desde la comunicación diaria en redes sociales hasta en la casa donde los equipos entrenan cada día.











































